Gruta de Nuestra Señora de Lourdes

Santa Bernardita y Nuestra Señora de Lourdes

La historia de Bernadette Soubirous, Santa Bernardita, se relaciona con diversas apariciones de la Santísima Virgen. La niña nació en 1844 en el pequeño pueblo de Lourdes, Francia, y fue un 11 de febrero de 1858 cuando vio por primera vez, en una gruta alejada de la ciudad, a una señora prodigiosamente bella, envuelta en una luz resplandeciente. La misma vestía un traje blanco, brillante y de un tejido desconocido, ajustado en el talle por una cinta azul. Los pies descalzos parecían apoyarse sobre un rosal silvestre y en la parte superior estaban cubiertos por dos rosas de color oro. Tenía en sus manos un rosario blanco y dorado con una hermosa luz de oro, en una posición fervorosa. Toda ella irradiaba felicidad, majestad, inocencia, bondad, dulzura y paz. La señora parecía saludar a la niña tiernamente mientras se inclinaba ante ella. 


Bernardita buscó el Rosario, que traía siempre con ella, e intentó hacer la señal de la cruz, pero su mano quedó paralizada. En ese momento, la Virgen tomó la cruz del rosario, hizo la señal de la cruz, y le dijo a Bernardita que hiciera como ella. Así, su brazo paralizado quedó libre. Ambas comenzaron a rezar y, al terminar, la Virgen le indicó que se acercara y, extendiendo su brazo, se inclinó dulcemente y sonrió como despidiéndose de la niña. Luego, la visión desapareció. Bernardita preguntó a las niñas que la acompañaban si compartieron la experiencia, pero ninguna lo hizo. La historia llegó a oídos de su madre quien, al no creerle, le prohibió regresar a la gruta. 
Esa misma noche, mientras rezaba el rosario en familia, Bernardita rompió en llanto, repitiendo su invocación favorita: “Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a ti”. 
Tres días después de lo sucedido, las niñas volvieron a la gruta, con la orden de rociar todo con agua bendita. Al llegar al lugar y arrodillarse para rezar el rosario, la Virgen hizo su segunda aparición. Al atardecer, ya todos comentaban acerca de las maravillas que sucedían allí. Desde entonces, cada vez más personas acompañaron a Bernardita a la gruta y la Virgen siempre se dejaba ver por ella. 
El 23 de febrero la Virgen dio su primera orden: le dijo a Bernardita que los sacerdotes debían levantar un santuario en ese lugar y que se debía ir a él en procesión. El 25 del mismo mes, en medio de una gran cantidad de velas encendidas, señaló la fuente de agua bendita que surgía desde el fondo de la gruta y le reveló sus propiedades curativas. Y ante la pregunta insistente de Bernardita de quién era, la Virgen dijo “¡Soy la Inmaculada Concepción!”. Su última aparición fue el 16 de julio.


En 1862, el Obispo de Tarbes firmó la Carta Pastoral confirmando las apariciones, su carácter sobrenatural, y la vida auténtica de la vidente. Bernardita fue admitida en la Comunidad de Hermanas de la Caridad de Nevers, donde se desempeñó como enfermera. Luego de sufrir mucho con su salud deteriorada, falleció el 16 de abril de 1879. En 1933 Bernardita fue canonizada, y desde entonces se celebra su fiesta el 16 de abril, día en que pasó a la inmortalidad. Juan Pablo II fue el primer Papa que peregrinó a Lourdes en 1983, con motivo del 125º aniversario de las apariciones. 
Alrededor de 1930, en la Estancia “El Pino” o “San Martín”, el señor Kairuz, quien compró la propiedad a los Ezcurra, construyó la gruta de la Virgen de Lourdes como agradecimiento por haber ayudado a su familia. 


La gruta, al igual que las salas de exhibición del Museo, se pueden visitar libremente de martes a viernes entre las 9 y las 16 hs, o los sábados y domingos entre las 10 y las 17 hs (lunes y feriados el Museo permanece cerrado). 

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Detalle de la Gruta, en el predio del Museo

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